Objetivo cumplido: 100.000 kilómetros en moto eléctrica

Nos lo cuenta su propietario en primera persona

Antes de nada queremos agradecer a Dani (porque para nosotros ya no es Daniel, ya que de cliente ha pasado a ser amigo) el que haya escrito este post para nosotros en el que nos narra su experiencia en el mundo de la moto. Empezó con una 125cc de segunda mano, compro su Zero SR 2015 y hace poco cumplió su sueño de recorrer 100.000 kilómetros en una moto eléctrica. No os perdáis los detalles de su experiencia en estos 3 años. Os dejamos con él y esperemos que disfrutéis con su vivencia relatada en primera persona:

100.000 Kilómetros en moto eléctrica: Mi historia

Me llamo Daniel Montero, natural de Guadalajara. He desarrollado relativamente tarde mi lado motero, a los 21 años. Lo que comenzó como una mera necesidad como desplazamiento para ir a Madrid ha desembocado en una pasión por el mundo motero, en particular hacia los modelos eléctricos y libres de emisiones, en el que he podido cumplir el objetivo de recorrer cientos de kilómetros libres de humos a los mandos de la moto que siempre soñé desde juventud.

Mis primeras motos de combustión

Mi primera aproximación al mundo de las dos ruedas motorizadas (la bicicleta ha sido una pasión desde mi infancia) fue más o menos fortuita. Corría el año 2011. Estaba estudiando en la Universidad Complutense de Madrid. Vivía en Guadalajara, lo que suponía, en transporte público, una media de 1 hora y 45 minutos desde que salía de casa y hasta que entraba en la facultad, eso sin contar los matinales atascos que podían aumentar ese tiempo en una hora, fácilmente. Por aquel entonces, además, el abono transporte joven se perdía al cumplir 22 años. Esto motivó que considerara la opción de adquirir una moto de 125. Desde siempre me habían gustado las motos custom, y así es como adquirí una Daelim Daystar 125 FI usada de 2007, con sólo 1.900 km. La economía de estudiante y el no disponer de carnet A2 no me permitía adquirir una moto más grande y de mayores prestaciones. Por otro lado, la Daystar tenía una media de 2.7 l/100 km, cantidad que me permitía desplazarme de manera más o menos económica.

Por aquel entonces, solía ir a Madrid 3 o 4 veces por semana, con lo que era más económico coger la moto que adquirir el bono transporte de adulto. Tras dos años y 33.000km, con nómina de por medio (empezaba a entrar algo de dinerito), decidí obtener el carnet de moto y comprar otra custom de 250cc, una Yamaha Dragstar 250 también de consumo ajustado (3.8 l/100 km). Entre las razones primaba la seguridad de una moto -algo más potente- y la necesidad de ir a Madrid más a menudo. De 3 o 4 pasé a 6 veces por semana. Cada trayecto de ida y vuelta de casa a la universidad  me supone 130 km, lo que significa 780 km por semana, 3.120 km al mes y la friolera de 37.440 km al año (aunque estoy empezando a explicaros mi vida motera, seguro que poco a poco viendo estas cifras os empezáis a imaginar como he sido capaz de recorrer 100.000 km en moto eléctrica en esos 3 años…., pero no me distraigo y sigo con ello).

Como os decía, cambie de moto y me decanté por una Dragstart. La primera de mis motos, la Daelim Daystar dio algún que otro problema con la bomba de inyección y decidí volver a carburación para disponer de una moto fiable, la que iba a ser mi medio de transporte principal. Nuestra relación de amor-odio aún se prolonga en el tiempo, la tengo como moto de largos recorridos, con 30.300 km en el odómetro. Es una moto preciosa, pero con muy poca potencia y con poca autonomía (menos de 200-250 km) lo que me obligó a pasar por la gasolinera el día esporádico que bajo a Madrid (¡¡todos los días!!), con la enorme pérdida de tiempo que ello conllevaba.

Por entonces ya conocía la existencia de unas cosas llamadas motos eléctricas, principalmente por mi pasión por la tecnología y en especial los vehículos eléctricos. De entre la (reducida) oferta por aquel entonces las únicas que cubrían mis necesidades eran las motos de la marca californiana Zero Motorcycles. En el año 2014, los modelos S, DS o SR disponían de una autonomía máxima en autovía de 141km, a 113 km/h. Un dato bastante ajustado, considerando que yo necesitaba 130 km de media y algunas veces hasta 160km. Decidí pues esperar a que evolucionara la tecnología.

No tardé mucho en decidirme por la compra de la que es ahora mi mejor amiga en la carretera: una ZERO SR del año 2015. Los cálculos eran sencillos. Cada mes, con la Yamaha, gastaba una media de 200 € sólo en combustible. Cada poco tiempo debía cambiar el aceite, engrasar la cadena, filtros, reglajes de válvulas y un largo etcétera. Contaba con la suerte de disponer de mis propias herramientas, por lo que el mantenimiento lo hacía yo, más económico que llevarla al taller.

La Zero SR la conocí en persona en la feria de la moto de MOTOMADRID  en febrero de 2015, y como era de esperar, tras probarla, quedé enamorado. No tuve que esperar mucho: en abril de 2015 conseguí mi primer contrato a tiempo completo, lo que supuso que sólo dos meses después fuera a Sevilla a recoger mi flamante Zero SR roja, ya que por entonces el concesionario de Sevilla era el más cercano de mi casa. Eran otros tiempos en los que para comparar un vehículo eléctrico te tenías que recorrer media España ¡Cómo ha cambiado esto ahora en la movilidad eléctrica….!!! Buscaba gastar lo menos posible, y una moto de kilómetro cero era la mejor y desembolse por ella 16.000€. La moto era la tope de gama, la más potente (67 CV y 144 Nm de par) y con la máxima capacidad de batería, con una autonomía de 151 km en autovía.

Amortización: Se cumplen mis números

Ninguno de mis familiares y amigos me recomendó la compra: a todas luces era muy cara. Sin embargo, los números salían. Estimaba un gasto medio de gasolina + mantenimiento de la Yamaha de 250 en unos 230 € al mes. La moto la financié a 300 € al mes durante 5 años. La diferencia en gasto era relativamente pequeña, con la diferencia de que, una vez pagada la moto, después era virtualmente gratis. El período de amortización, además, era inferior al período de financiación, en torno a 3 años y medio. Los cálculos son relativamente sencillos. Una moto de combustión con potencia similar consume unos 6 litros a los 100 km, con un coste medio de 1.35 €/litro, lo que supone 8,10€ cada 100 km. Puede parecer poco, pero cada año realizo una media de 37.500 km, lo que supondría unos 3.040€ al año sólo en combustible. En electricidad en cambio, a un precio medio de 0,15 €/kWh, recargo la moto completamente a un precio de 1,80€, con los que hago al menos 151 km (autonomía mínima), que pueden llegar a ser hasta 220 km a velocidades de 90-100 km/h. En una primera estimación podemos aproximar a 1 € cada 100 km. Si además se utiliza la tarifa nocturna para cargar, se reduce a tan sólo 0.45 €/100 km, 20 veces menos que con una moto de combustión similar, ya que se puede encontrar el precio de la electricidad a 0.07 €/kWh en tramo nocturno.

No había que tener en cuenta sólo el dinero, también la seguridad que aportaba respecto a la Yamaha. La ZERO SR dispone de una aceleración de 0-100 km/h en unos 3 segundos. Disponía además de suspensiones multirregulables showa y un sistema de frenado claramente superior, con ABS Bosch de serie, lo que en la práctica significa una desenvoltura en carretera sin parangón, en comparación con una moto del año 2003 de 19 CV.

No hay día en la que me arrepienta de la compra. A día de hoy el cuentakilómetros marca 104.300 km y no pierdo el tiempo en ir a la gasolinera, ya que la puedo cargar en cualquier enchufe normal. No me preocupo de fugas de combustible o aceite, porque no usa, más que en las suspensiones. Dispone de transmisión directa (sin marchas) por correa, por lo que es una moto completamente limpia, sin fugas ni olores. Las revisiones son cada 6.000 km, y son mucho más económicas que cualquier moto de combustión de sus prestaciones o precio.

Desde que la tengo, apenas hago kilómetros con el coche. La moto es la excusa perfecta: es más barata, contamina menos y es más fácil aparcar. Aunque todo comenzó como una mera excusa para ir y volver del trabajo, desde que tengo esta moto aprovecho para viajar cuando puedo y donde puedo con ella. He recorrido cada rincón de la Sierra de Ayllón en Guadalajara, la zona de la Arquitectura Negra (Majaelrayo, Valverde de los Arroyos) y en general casi todas las carreteras en un radio de 120 km alrededor de Guadalajara. Recientemente, con la adquisición de cargadores rápidos, me he aventurado a realizar varias rutas moteras de hasta 480 km, como puede ser la Concentración Mamuts en Segovia o las recientes Xtreme Challenge en Madrid y Córdoba. Mi récord personal se encuentra actualmente en 1.450 km en menos de 72 horas. La experiencia me ha dicho que con la infraestructura de carga adecuada, planificación y ganas, todo es posible.

De entre las cualidades que más me gustan de la moto, destaco en primer lugar la ausencia de vibraciones y ruido. Puede parecer extraño al principio, pero cuando haces muchos km al final el ruido acaba siendo algo molesto. Conozco a muchos moteros que necesitan usar tapones para poder coger la moto porque les molesta el ruido. ¡A mí me parece inconcebible usar tapones para poder conducir! También destaco la facilidad de manejo y la potencia. Dispones de un par motor constante en casi todo el rango de revoluciones, lo que se traduce en un misil de moto y una agilidad pasmosa para adelantar (solo tengo una marcha, y por tanto siempre voy en la marcha correcta con todo el empuje brutal de un motor de 144Nm). Si te despistas un poco puedes encontrarte a 160 km/h sin darte cuenta, sobre todo por la ausencia de ruido y la inexistencia de marchas.

Todo esto que os estoy contando lo he compartido con Miguel Zarzuela en su canal de Youtube en un video en el que me dio la oportunidad de contarlo. De él y de su apuesta por #descarbonizar nuestras ciudades os hablaré al final.

¿Qué puedo decir del desgaste de la moto? Tras 104.000 km la moto sigue teniendo la misma potencia que el primer día. El motor eléctrico, sin escobillas, no requiere de ningún mantenimiento –salvo una sincronización que me hacen en las revisiones, pero que no supone ninguna sustitución de componentes- y no tiene signos de desgaste apreciables. De hecho, en vehículos eléctricos, suele ser relativamente habitual que el rendimiento pueda mejorar con el tiempo, a través de una mejor gestión de la energía a través de las actualizaciones del software. La batería sigue en un estado estupendo de salud, no he notado una disminución de autonomía que pueda destacar. El fabricante garantiza unos 500.000 km de duración antes de alcanzar el 80 % de la autonomía original. Por ello, el pack de baterías disfruta de 5 años de garantía con kilometraje ilimitado, lo que da una tranquilidad absoluta a la hora de realizar una inversión de este tipo.

El mantenimiento de la moto se reduce a ruedas, frenos y la correa de transmisión, amén de las mencionadas revisiones cada 6.000km en las que entre otras cosa me actualizan la moto (sí, me la mejoran cada vez que paso por la diagnosis, al igual que le pasa a nuestros móviles u ordenadores). Comparando con mis otras motos de gasolina, he notado que el consumo de frenos y ruedas es sensiblemente inferior en la eléctrica. La razón está detrás del sistema de transmisión: al no disponer de marchas, esos tirones de cambio de marcha innecesarios son inexistentes. Esto redunda también en el desgaste de la correa: Se cambia por recomendación cada 36.000km, pero yo las he estirado más al no hacerlas sufrir mucho por mi modo de conducción. Además, usando la frenada regenerativa también se reduce el uso de frenos.

Respecto a averías, han sido muy pocas, siempre cubiertas en garantía y con tiempos récord de reparación. Debo dar las gracias al equipo de XRMotos (concesionario Zero de Madrid) por todo el apoyo y soporte prestado. A los 47.000 km comenzó a fallar el cargador integrado de la moto (sólo cargaba hasta el 95%), que fue sustituido en garantía. A los 53.000 km comenzó a fallar el sensor de freno delantero, que fue cambiado en cinco minutos y sin coste adicional. El clausor principal dio fallos esporádicos con 64.000 km y también fue cambiado por uno nuevo. Por último, el convertidor DC-DC dio un pequeño fallo con 71.000 km y también fue sustituido. Desde entonces, la moto sigue funcionando estupendamente, ¡y esperemos que siga para recorrer otros 100.000 kilómetros en moto eléctrica.

¿Qué pasa con el estrés de quedarte tirado? ¿Estás continuamente mirando la autonomía restante? La respuesta es nula. En menos de 1.000 km ya controlas y conoces la moto, y conoces sus virtudes y sus limitaciones. ¿Echo de menos la gasolina? Ni un solo segundo. Desde que tengo la ZERO, la verdad es que he hecho menos de poquísimos  con la Yamaha, la uso únicamente cuando requiero hacer viajes de más de 300 km y no me puedo permitir parar a cargar.

En estas últimas semanas, con la implementación de Madrid Central, y con los protocolos de contaminación en boca de todos, aprecio mucho más mi Zero. Sé que no importa el día ni la hora, ya que siempre podré acceder donde quiera con la Zero, sin problemas de aparcamiento y sin miedo a multas. Ya he pasado el período de amortización. Cada km que haga a partir de ahora, estaré ahorrando en dinero, en tiempo y en tranquilidad. Y esa tranquilidad es impagable….!!

La movilidad eléctrica es el presente, y será sólo cuestión de tiempo que comiencen a ser la opción prioritaria para un gran número de personas que esperan como yo, hacerle más de 100.000 kilómetros a su moto eléctrica. Os invito a que os acerquéis a un concesionario y las probéis, no os dejarán indiferentes. Como dice mi buen amigo Miguel Zarzuela, del que os hablé y podéis encontrar sus vídeos en YouTube y seguir su canal ¡descarbonízate!